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Categoría: La Vida es un Cuento

La Vida es un Cuento

marruecosnosmira 15/01/2008 @ 00:07

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8 de Mayo de 2008

Nadira y Alba

Cuenta una vieja leyenda saharaui, que no hace muchos años, en el puente de Andalucía llego una niña española a los campos de refugiados saharauis de Tinduf. Tenía nueve años y se llamaba Alba. Viajaba con sus padres, pues tanto su papá como su mamá colaboraban con un grupo de apoyo al pueblo saharaui llamado Jaima (aunque esa es otra historia que ya contaremos otro día).

Alba se instaló junto a sus papis en la jaima de Safia, una señora saharaui de avanzada edad y de sonrisa dulce y sincera. Para Alba todo era nuevo, la arena, las dunas, las jaimas, el clima, sin embargo sus papás estaban asombrados de la facilidad con la que la pequeña se estaba adaptando a la vida en la Hamada. La mamá siempre decía “si parece que ha vivido toda su vida en los campamentos”.

Desde el primer día en que Alba llegó a Smara, se hizo muy amiga de Nadira, la nieta de Safia. Ambas estaban todo el día juntas, desde que se levantaban a primera hora de la mañana, hasta que el sueño las vencía al final de la noche.

Nadira hablaba muy bien español, porque siempre se lo había escuchado a sus hermanos mayores, que lo aprendían el colegio de los campamentos, sin embargo sólo sabia escribir hasanía, porque aún no había cursado español en su colegio. Alba sin embargo, no sabía ni una palabra de hasanía, y por más que Nadira se empeñaba en enseñarle, Alba lo olvidaba al poco rato.

Ambas dormían juntas en la jaima de Safia. Al despertarse lo primero que hacían era sonreír y abrazarse con tanta alegría que parecía que eran dos viejas amigas que se encuentran después de años sin verse. Nadira siempre cogía la mano de Alba y juntas iban a llevarle agua y un puñado de grano a las cabritas de Safia. Una mañana después de ver las cabras, Nadira se sentó en la arena, detrás de la habitación de adobe que había junto a la jaima de Safia. Alba se sentó justo delante de ella y le pregunto:

- ¿Qué te ocurre Nadira?

Nadira seguía mirando hacía abajo mientras hacia dibujos sin sentido con sus
dedos en la arena.

- Nadira, ¿qué te pasa? ¿Por qué no me hablas?

Entonces Nadira cogió las manos de Alba, la miró y con media sonrisa en la
boca empezó a contarle lo que le sucedía.

- Todas las noches tengo el mismo sueño, me despierto en mitad del desierto, miro a mí alrededor y veo que justo frente a donde yo estoy hay una duna muy grande. Sin pensarlo dos veces, comienzo a caminar hacia la duna, y a subirla. Justo al llegar a la parte más alta de la duna aparece frente a mí un oasis gigante, con muchas palmeras. En la orilla hay un rebaño de camellos que beben de las cristalinas aguas de aquel vergel. Junto a los camellos hay un camellero sentado en la orilla y mirando hacía el agua. Entonces, bajo la duna y me acerco al camellero. Él se gira, es un anciano de barba blanca y sonrisa serena. Entonces me mira y extiende sus manos. En ellas hay tatuados dibujos, palabras en hasanía y símbolos que no entiendo. No sé qué significado tiene lo que hay escrito en sus manos. Siempre, después de mirar sus manos, el camellero intenta de decirme algo, pero justo en ese momento me despierto.

- No te preocupes Nadira, es sólo un sueño.

- Alba, cada noche tengo el mismo sueño, sé que tiene algún significado.

- Nadira es sólo un sueño, no te preocupes. Venga, vamos a ver a Safia que ya es la hora de comer.

Durante el almuerzo Nadira apenas habló, y Alba empezó a preocuparse por su pequeña amiga y compañera de juegos y travesuras. Después de la comida, todos salieron para tomar el té en la jaima de una amiga de Safia. Nadira, se quedó sola y se tumbo para dormir la siesta. Justo en ese momento Alba tuvo una idea. Esperó a que Nadira se durmiese, y justo entonces, entró en la Jaima donde descansaba su compañera, se acercó sigilosamente y se tumbó junto a Nadira, cogió su mano y cerró sus ojos. Sin darse cuenta, se quedo dormida junto a su amiga. Al abrir los ojos se dio cuenta de que ¡su plan había funcionado!.

Ambas estaban en pie y de la mano justo enfrente de una gran duna, estaban juntas en el sueño de Nadira. Sin decir nada, ambas se miraron a los ojos y sonrieron. Comenzaron a subir la duna, y justo al llegar arriba, tal como le había contado Nadira, ante sus ojos apareció un gran oasis, con muchas palmeras y un rebaño de camellos bebiendo de sus cristalinas aguas. Justo en la orilla se encontraba sentado el viejo camellero, que miraba fijamente al horizonte. Ambas se miraron de nuevo y comenzaron a bajar por la duna, y se acercaron al camellero. El anciano al oír sus pasos en la arena se giró, las miró a los ojos y sonrió. Sin dudarlo un segundo mostró sus manos a las dos niñas. Tal y como Nadira había contado, en las manos del camellero había dibujos y palabras en hazaña. Alba estaba muy emocionada, pero lo que más le sorprendió es que junto a los dibujos y palabras en hazaña, lo que había no eran símbolos, sino palabras en español que la pobre Nadira no podía entender. El camellero sonrió y mirando a sus manos les dijo: “este es el camino”.

De repente las dos niñas se despertaron, se miraron, sonrieron y se abrazaron. Fueron corriendo en busca de Safia y le contaron todo lo que había pasado. Y cuenta la leyenda, que las dos niñas, una leyendo en hasania y otra en español, descifraron aquellos dibujos que no eran otra cosa que, el mapa que condujo al pueblo saharaui de vuelta a su tierra. Porque aquellas niñas sin saberlo eran hermanas, como todas y todos los que estamos aquí, hermanos y hermanas del pueblo saharaui y, sólo uniendo nuestras manos, nuestra ilusión y nuestra alma podremos devolver entre todos y todas el Sáhara a los saharauis.

REFLEXION DESDE LA LUZ

Dos amores… (La vida a veces no es un cuento…)
Enamorada de la gente, de la tierra y de la lucha saharaui…

¿Sabéis esa sensación de tener el corazón dividido?

Recién se ha cumplido “el primer aniversario” de mi primer encuentro con un pueblo árabe, al que debo toda mi admiración y respeto… por eso, ni debo ni puedo dejar pasar esta oportunidad de compartir esta experiencia contigo…, y también por la responsabilidad como ciudadana del mundo, que me obliga a gritar SÁHARA LIBRE, evitemos lo que parece ya inevitable…

Insisto en que no existe la casualidad…

Mi encuentro fue después de unas pocas horas de avión y poco más de una hora en jeep, que me llevaron hasta mi destino. La noche oscura no me dejar ver dónde me indican que me instale. Intuyo que algo muy pero muy penetrante me espera a la mañana siguiente. Agotada por el viaje y por el infinito silencio de aquel lugar, un sueño profundo me invade. Parece que no ha pasado el tiempo, pero una pequeña ráfaga de luz penetra por una ventana, que a la altura de mi cara, me observa. Me incorporo y ligeramente desplazo una hermosa tela tejida con penetrantes colores que hay en una pared de adobe, para ver qué hay al otro lado…LA NADA, me encuentro con LA NADA…la llamada hamada argelina…una árida tierra habitada por el más humilde y Humano –con mayúscula-, de los pueblos que hasta el momento he conocido.

Ahí es donde lleva ya 32 años un pueblo desplazado por el abandono del gobierno español y por el oportunista y bien apoyado reino alauita…Si quieres saber más, no busques en los libros de historia, ni en la política española ni en la internacional, ni en los medios de comunicación…acércate a las miles de personas y organizaciones que a niveles impensables, luchamos por resolver una injusticia tan cercana y reciente…Sin más datos que este, te invito a que descubras qué otro vecino te mira desde ahí enfrente…

¿Sabes ya por qué tengo el corazón dividido? Porque el pueblo marroquí me mira, igual que lo hace el pueblo saharaui…enfrentados por el egoísmo de unos pocos… y yo espero mirarlos y visitarlos a cada uno en su hermosa tierra…inchá alah.

El Grupo Jaima, amig@as de la RASD, que lucha desde Córdoba, queremos compartir nuestro cuento contigo…

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TENED LOS OJOS BIEN ABIERTOS

Si un amigo te pide algo ¿serías capaz de negárselo?

Y si tienes que expresar con palabras lo que tu corazón alberga, ¿podrías contarlo?, mirad, lo primero sí, lo segundo no…

Así comienza esta historia…

Como soy aprendiz, y maestra a la vez, voy a hablar de lo que he aprendido y de lo que ya sé de la vida, que es lo que realmente importa –aunque a veces “nos despistemos un poco”-, ¿y sabéis qué es lo que sé desde que tengo uso de razón?, que las casualidades no forman parte de nuestro universo, pero sí que existen las CAUSALIDADES, sí, sí, las causalidades…lo he escrito bien. Pensad un momento en la palabra… Y por curiosidad, la primera persona de la que escuché esta palabra ya lleva en mi camino más de 10 años…y puede que esté toda la vida. Por eso, quiero invitaros a un ratito de reflexión…

Explicarme por qué te encuentras causalmente a esa persona que llevas tiempo sin ver y te dice eso que necesitabas oir, explicarme por qué lees un libro y parece que te está hablando a ti, explicarme por qué por causalidad tomas un camino y no otro en el que encuentras lo que exactamente buscabas, si no explicarme…por qué me estás leyendo, no es casualidad.

Si no explicarme, por qué en ese momento concreto, un chico al que conocías del instituto te pide información…y se la das, por qué de tu bandeja de entrada en la que tienes miles de correos…lees ese concretamente, por qué tus compañeras de trabajo a las que prácticamente no ves se interesa por el mismo…y por qué un chico de las antípodas al que no conoces y que lleva 10 años cerca de ti…también lo tiene…casualidad? No, gente, es CAUSALIDAD…el resto es el comienzo de una larga historia.

Estos renglones sin ton ni son quizás para ustedes, disculpadme que vayan un poquito más dirigidos a ellos, simplemente están para que veamos aquello que en nuestro ir y venir diario, NO NOS DEJAMOS VER. Hay tantas señales en la vida… sólo hay que “mirar”, mirar para ver, mirar con los ojos bien abiertos y veremos que todo lo que nos está ahí fuera, “tiene que estar…”

Y ahora llega mi regalo. Normalmente, lo guardo para ocasiones especiales, y lo regalo a personas especiales, y si estais leyendo esto es porque lo sois…lo sé… Y éste llegó a mi vida por CAUSALIDAD, os lo aseguro. Por favor, tened los ojos bien abiertos.

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Un amigo nuestro iba caminando al atardecer por una playa del norte de Marruecos, concretamente una pequeña ciudad llamada Larache. Mientras caminaba, divisó a otro hombre a lo lejos. Al acercarse, notó que el lugareño se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y otra vez lanzaba cosas al océano...

Cuando nuestro amigo se acercó más todavía, vio que el hombre recogía estrellas de mar que se habían lavado en la playa y las iba devolviendo una a una al agua.

Nuestro amigo se sintió confundido. Se acercó y dijo:

- Buenas noches, amigo. Me pregunto qué está haciendo.
- Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este momento la marea está baja y todas estas estrellas quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se mueren aquí por falta de oxígeno.
- Ya entiendo –respondió mi amigo-, pero ha de haber miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible agarrarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente esto pasa en cientos de playas a lo largo de toda esta costa. ¿No se da cuenta de que no cambia nada?

El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar para arrojarla de nuevo al mar y respondió:

- ¡Para ésta sí cambió algo!

Toñi

Toñi os respondera a todos los comentarios del articulo...

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